Es muy común que uno escriba la primera entrada de un blog para advertir el contenido del mismo. Es una especie de alumbramiento que profetiza la temática (pocas veces respetadas antes de la despedida). Eso está bien, si, pero también está bien saltarte el protocolo y entrar de lleno en una pequeña narración:
Hoy transité el centro de Tegucigalpa por razones que me sobrepasan. Sufro de acidez y no he estado muy bien de salud los últimos dos meses, por lo que las diligencias me causan fatiga y disgusto. Como todos sabemos hay una pandemia en curso, lo cual me irrita aún más, pues dentro de dos días debo acudir al Hospital Escuela para ser atendido por mi acidez. Vaya suerte. La gente en Honduras es tan escéptica y cínica (en el peor sentido de estos conceptos) que su principal preocupación es la burla y la descalificación de la emergencia a través de sus chistes y su incapacidad de tomar responsabilidad y solidaridad ante las advertencias. La gente seguía riendo, chismeando, tosiendo y comiendo como si los casos positivos del virus estuvieran a cien millones de kilómetros, cuando están a menos distancia del que jamás sabrán. ¿Los debo culpar? No lo sé. Me irrita tanto como lástima me dan. No es culpa de ellos ser hondureños en la Honduras de Juan Orlando Hernández, respetable presidente dictador de nuestra nación olvidada por Dios.
¿Será que ya dejé entrever la razón y naturaleza de éste blog? Tal vez mi arrebato se traduzca en algo más tangible. Por ahora Escucho a Luis Eduardo Aute y me siento de espaldas al foco de LED que ilumina mi habitación. El reloj marca las once de la noche del sábado 14 del mes de Marzo del año 2020, del segundo día de cuarentena tácita y a dos días de mi visita al Hospital, pero podría ser cualquier sábado de cualquier año de la era postmoderna. O posmoderna. Me atrevo a decir que podría ser un Domingo, con el sopor caracteristico de los domingos hondureños, vaciados de toda vida, y que se llena de aire caliente, canciones de iglesias locales y partidos en televisores de familias estrujadas como yo en un Domingo o un Lunes o un Jueves en la Honduras ausente, la Honduras profunda, la Honduras sin días y cansada de días sin diferencia y de días confundibles.